lunes, 30 de marzo de 2009

EL ROL DE LA UNIVERSIDAD EN LOS SUCESOS DE 1809

“La mayor gloria de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca –durante el proceso de la gesta de la Revolución Maya- es haber sido no solamente un foco de cultura que durante la época colonial difundió desde sus aulas el saber filosófico y jurídico, sino en haber constituido a
principios del siglo XIX, un centro de conciencia americana, una fuerza renovadora que contribuyó a la estructuración política y social de otros pueblos del continente” (Guillermo Francovich, “Pensamiento Universitario de Charcas”, 1948) Fue, el rol de la Universidad de Charcas, tan decisiva en la iniciación de la primera gesta de libertad de América, que, mientras la Universidad de Lima hacía manifestaciones de aversión a la idea de la independencia y la de Córdova entregada al pleito entre franciscanos y clérigos seculares para tomar su mando, en vista que su dirección hubiera quedado ‘vacante’ ante la expulsión de los jesuitas acontecida en 1767, la Universidad de La Plata, Chuquisaca, ardía como una fragua del saber y de las inquietudes políticas.

Para la convergencia de esas acciones, en esos años previos, concurrieron jóvenes revolucionarios
que fermentaron sus ideas y acciones en el laboratorio político e ideológico denominado: AcademiaCarolina.

Según diversos historiadores que recogieron esas experiencias políticas, todos ellos coinciden en
que este foro fue el verdadero hacedor de líderes y caudillos que timonearon la primera asonada
revolucionaria del 25 de Mayo de 1809, en La Plata, Chuquisaca, y que posteriormente llevaron la
lumbre idealista hacia la ciudad de La Paz que replicó sus acciones en la revolución del 16 de julio
de 1809. Siendo, los líderes y caudillos dirigentes, en su mayoría, formados y salidos de las aulas de
la Universidad de San Francisco Xavier.
La Universidad de Charcas influyó en la formación de la mentidad y germinación de las ideas
democráticas que dieron como consecuencia la independencia de las colonias españolas. En sus
claustros se formaron los espíritus ponderados y equilibrados para la creación de las jóvenes
repúblicas americanas.
La ciudad de Chuquisaca era pequeña durante la colonia, apenas contaba con 18 mil habitantes,
pero la Universidad tenía en ella un lugar excepcional y su actividad desbordaba de los claustros
para derramarse sobre el pueblo que, por lo mismo, vivía en todas sus clases sociales las inquietudes
que agitaban al gremio estudiantil.
No menos de 70 doctores y de 600 estudiantes, criollos en su mayoría, unos 500 de ellos que venían
de todo el virreynato, moraban entonces por Chuquisaca, viviendo en contacto inmediato con los
mestizos urbanos. Así se explicaba que el cholo chuquisaqueño sin saber leer ni escribir, fuera aquel
entonces, como ningún cholo de otra parte, opinan sobre los intereses del procomún”
Lucha intelectual y guerra fría
Antes de la iniciación de la lucha armada del 25 de Mayo, se intensificó la lucha intelectual y se
venció la resistencia monarquista, con los principios filosóficos y políticos implantando la guerra
fría y proclamas ardientes e sedientas de emancipación.
Frente a la fuerza del poder colonial, enardeció el “hervor intelectual y el hervor político”.
Los hombres del 1809, sostuvieron su lucha filosófica y política con un realismo maquiavélico:
astucia, engaño, halago, crueldad, violencia y mentira como instrumentos de acción social y como
recursos para el manejo de los hombres.
Los preparativos y repercusiones de los sucesos del 25 de Mayo de 1809 tuvieron una larga
trayectoria. La labor de los agitadores y revoltosos Doctores de Chuquisaca, se inició en el plano de
la acción en 1808 y culminó su dramático efecto en 1825. La preparación y el planteamiento de la
agitación revolucionaria, se las efectuaban en reuniones o “Juntas cívicas” clandestinas y en casas
no sospechosas. En ellas se impartían consignas para mantener permanentemente el espíritu
subversivo de toda la población colonial. Los fogosos y satíricos manuscritos se elaboraban en las
mismas y circulaban como moneda corriente y usual, como toda producción que se quería llevar al
conocimiento público.
Los pendolistas eran los clandestinos editores de los manuscritos anónimos y subversivos que se
fijaban en las paredes o circulaban de mano en mano secretamente; la liberación –como dice
Gabriel René Moreno- era una institución pública.
Estos pasquines – dice don Jorge Delgadillo- eran tan alarmantes como el siguiente, formulado en la
hilada seguidilla, que recogimos de labios de ancianos respetables, que figuran en los sucesos de
entonces, y que pudieron formar juicio exacto de la tendencia y verdadera significación de todo lo
ocurrido:
Autos y vistos:
Sentencia da,
Mueran ussoz
Pizarro y la Chapetonada.
Los oidores, manejaban muy bien la astucia y la picardía. Sabían que las paredes oyen: y por ello,
en una de esas “ Juntas” en la casa de Ignacio Cuellar,” pudo percibir –el vecino Cura Barrón- que
se trató de vengar la injuria que el señor Usos había inferido al Claustro haciendo quitar en una
función pública del entierro del señor Oydor honorario Don Juan José Segovia el cojín que por
costumbre se ponía al rector de la Universidad y resolvieron en ella ahorcar a dicho señor Usos que
noticiosos éste de ello y de que en seguido pasaría a cuchillo a los chapetones, llamó al Escribano
de Cámara Don Ángel Mariano Toro”, “y como le notificase sobre ser cierta dicha conspiración
contra su persona”, “trataron ambos el dirigir este procedimiento contra el señor Presidente –
Pizarro- de quien recelaban los prendiese que esta resolución no le fue tan oculta de su excelencia y
la tuvo de executar el arresto de dicho señor Usos, Fiscal, Sudañez, y Anívarro con anticipación la
que se frustró porque ya tenían tomadas sus medidas – los Oidores- para ejecutarla con su
Excelencia como sucedió en dicha noche del veinte y cinco de Mayo”; así declara Don Jacobo
Pope.
El declarante Don Miguel Tezanos Pinto, refiere que “era notorio y vio que los señores Ministros
concurrían a la casa del señor La Iglesia en la Sala Capitular y en la del señor Ussos sin distinción
de hora y sin el traje propio del decoro del Tribunal”.
Por otra parte “que en el momento que dio principio al tumulto endecha noche –del 25 de Mayo-
fue buscado en su casa de orden del propio Tribunal y como no fuese encontrado en ella le
solicitaron en la de Villodas de la que salió expresando ser ya preciso intervenir en ella sin poder
excusarse”. Además, “oyó decir que antes del veinte y cinco de Mayo tenían en su casa los Sudañes
ochenta cholos y Gualaychos que es la peor gente armados”. “Dos noches precedentes a la del 25 de
Mayo”, se celebraron “acuerdos y se dispusieron patrullas encabezada por los hermanos Zudañes,
Bernardo Monteagudo, Ussos y Juan Manuel Lemoyne, los demás regidores y vecinos, asistiendo
los ministros sin el respetuosos traje” que era de rigor. “Que estas rondas sólo tenían el objeto de
espiar al excelentísimo señor Presidente por los Recelo que tenían de que este quería hacer varias
prisiones y evitar estas”.
En estas circunstancias –la noche del 25-, “ya estaban apostadas en la Alameda, Quebradas o
Guaycos de los caminos de Guata, Tucsupaya y Recoleta” “los indios y moradores del Partido de
Yamparáez”, concentrados desde luego Don Juan Antonio Álvarez Arenales.
Don Manuel Molina, escribe al autor de “La Guerra de los Quince Años” en 5 de abril de 1863 y le
expresa que las acciones de Reconquista y Victoria en Buenos Aires contra los ingleses “dejaron
prisionero a Barresfort que escapó con Don Aniceto Padilla (cochabambino) dejando ya, una
pequeña asociación establecida e iniciada para defender el interés por la independencia: entre los
socios habían, según un acuerdo un Escalera (también cochabambino), el Dr. Bieytes, el Dr.
Medrano y nos vecinos de Buenos Aires, que vivían cerca del retiro, con quienes se tenía
correspondencia bajo los nombres del Tiburcio Parra y Tiburcio Viñas, tomados Ad limitum, y un
hermano mío – le dice- Francisco Moina, venido de Buenos Aires, iniciado, y que estableció un
pequeñísimo círculo –en Chuquisaca-, cuya reunión se hacía en casa del Dr. Benito Alzérreca (casa
situada en la plaza mayor, donde en 1825, vivía Don Jorge Delgadillo). A este pequeñísimo círculo
– dice Don Manuel Molina- “vinieron a iniciarse de La Paz, los Srs. Lanza y Sagárnaga, antiguos y
conocidos patriotas”.
La “guerra fría”, comienza a convertirse en “caliente”
Pues, según se refiere el Guardián de San Francisco, inicia la ofensiva “el cuerpo de Abogados”,
observando “las órdenes del Sr. Virrey y del Presidente – Pizarroque se propusieron contradecirla
por “odio” a ellos. Como el alegato es patrimonio de los protegidos de San Ibo, con su gato a los
pies –para quienes se meten en pleitossuelen salir arañados, los abogados iniciaron su “chicana”
“pidiendo –al Cabildo- se les eximiese –de ciertas imposiciones- por privilegios y ocupaciones de
su oficio”.
“El Presidente tuvo de este libelo, del estudio donde se forjó y del abogado que recogía firmas”.
“Con éste, y aún con copia del escrito, según dicen, produjo información para el esclarecimiento y
con él se quejó donde tuvo por conveniente”.
Llega el mes de febrero de 1809 “el mismo Aníbarro hallándose de Rejidor electivo a pretexto de
pedir testimonio de las actuaciones del año pasado para cubrir su conducta ante el Rey, renovó las
gestiones sobre el Seminario. A principios de Marzo comenzó el Cavildo a tratar sobre esta bien
premeditada presentación que en todo el mes no se pudo acordar sin embargo de ser muchas las
sesiones que para el efecto practicó, que por tan largas cuanto extemporáneas fueron odiosas y
escandalosas para todos los juicios que atildaban la conducta del Cavildo, pero muy celebradas para
todos los que fomentaban no tanto a los desaires que en esto se le infería al Prelado, como la
discordia y desunión del Cavildo”.
Encendida así la mecha del explosivo, en el Cavildo, pronto estallará la dinamita, en la Real
Audiencia., con la “calumnia” –así calificada por el Guardían del Convento de San Francisco Fray
Marcos Benavente- a la segunda saeta del “traidor” que vino con abonar los premonitores de la
sublevación “en la semana santa”.
Pues, según el Señor Guardián, “se procuraba fomentar –en el Ayuntamiento- con el mayor estudio
la detestable calumnia de que por traición se quería entregar esta ciudad – de los Charcas- a la
Señora Princesa del Brasil y que para libertarse del Jefe –Pizarro- y el prelado Moxó – de los fieles
basallos que se lo podían impedir trataban de desterrarlos enviándolos – a los cabildantes- a Buenos
Aires con la sumaria que aseguraban que estaba recibiendo el Jefe, para embarazarla y estorbar sus
intentos, resolvió el cabildo ponerse bajo la protección de la Real Audiencia exponiendo los hechos
que le hacían temer”.

Ref. Bibliográfica:

• LA REVOLUCIÓN DEL 25 DE MAYO DE 1809. Emilio Fernández. Biblioteca del
Sesquicentenario. La Paz, Bolivia. 1975.
• GUILLERMO FRANCOVICH. “El pensamiento Universitario de Charcas y otros ensayos”.
Universidad San Francisco Xavier. Sucre, Bolivia. 1948.
• Fotografía, “Historia de Chuquisaca”, Autor Valentín Abeca, Sucre, Bolivia. 1939.

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